miércoles, 6 de marzo de 2013

¿LAS RABIETAS?

                                                        
LAS RABIETAS 
QUÉ Y CÓMO SON LAS RABIETAS. 
Las rabietas, pataletas, berrinches, o golpes de genio son reacciones bruscas y 
descontroladas que el niño manifiesta en un momento, más o menos inesperado. 
Se dan normalmente entre los 1 y 3 años de edad, desapareciendo al llegar a los 
4 años. Este rango puede ampliarse desde los 6 meses hasta los 6 años, siendo menos 
frecuente. 
Por tanto, las rabietas son una característica de esta etapa de desarrollo del niño, 
y es parte normal del desarrollo infantil. 
POR QUÉ SE PRODUCEN LAS RABIETAS 
El principal motivo es la frustración. Es decir, el niño no logra hacer, 
conseguir, o decir lo que desea y se enfada. 
El niño empieza a ver el mundo, a darse cuenta que puede hacer muchas cosas. 
En su desarrollo, comienza a hacerse autónomo e independiente, y quiere conseguir 
todo. Pero todavía tiene muchas limitaciones que le impiden hacer todo lo que quiere. 
Por ejemplo: 
*El lenguaje del niño de 2 y 3 años todavía no está desarrollado para expresar lo 
que quieren, y para hacerse comprender. Como no saben expresarlo se enfadan. 
*Sus limitaciones físicas, pueden ser también motivo de enfado. Quieren 
subirse al columpio más grande del parque, cruzar la calle sin ayuda...pero esto 
no siempre pueden hacerlo, porque no pueden físicamente, o porque se lo 
prohíben los adultos. Por tanto, se frustran sus deseos. 
*Cada vez los niños son más hábiles, pero aún les falta adquirir muchas 
destrezas que ellos ya quieren dominar. No les gusta emprender una tarea y no 
saber resolverla. Por ejemplo, se enfada cuando no consigue insertar dos piezas 
de un rompecabezas. 
*El niño está experimentando, y desea tocar, coger, tener todo... y no aceptan 
un “no” por respuesta. 
Su deseo es conseguir lo que quieren y prueban hasta ver dónde pueden llegar. 
Es ahora donde hay que empezar a poner límites a las primeras rabietas, ante la 
frustración que supone no tener todo lo que quieren. *Las rabietas aumentan si el niño: 
• Está cansado, porque ha dormido poco, no ha parado de correr y 
jugar en todo el día, ha tenido muchas actividades extraescolares 
o ha estado todo el día fuera de casa. 
• Tiene hambre, es la hora de comer y se encuentra molesto. 
• Está incómodo, y no sabe qué hacer, o lleva mucho rato en la 
misma situación. 
• Se encuentran mal por algún dolor, o están enfermos. 
• Tienen más ansiedad de lo normal, en una situación novedosa, si 
ha bebido mucha Coca-Cola en el cumple de un amigo... 
*Para llamar la atención de los padres o adultos. Quieren llamar la atención 
porque de otra manera no saben conseguirla, y saben que así lo van a conseguir. 
Prefieren tener atención negativa o castigo, que no tener ninguna atención. 
*Por aprendizaje. La primera rabieta se da porque el niño se frustra ante algo 
que no consigue, como un juguete del Todo a Cien. Si lo consigue, se sale con la 
suya, y aprende que comportándose así, puede conseguir lo que quiere. 
QUÉ HACER ANTE LAS RABIETAS. 
ANTES de que se produzcan:
*Minimizar las necesidades de decir “NO” al niño, reorganizando la casa, 
quitando todo lo que el niño pueda romper y ponerlo fuera de su alcance. 
Evitando ir a las situaciones en las que sabemos el niño explotará, para evitar 
que practique las rabietas. 
Es mejor no decir NO tantas veces. 
*Escoger las batallas cuidadosamente, es decir, no regañarle por tonterías. Ser 
firme y consistente cuando sea realmente importante, y no por todo. 
*Ofrecer al niño alternativas para que elija y escoja. Por ejemplo, en lugar de 
obligar a comer una fruta, dar opciones (manzana o plátano). Dándole a elegir 
puede expresar mejor sus deseos. 
*Cuando vemos que va a frustrarse porque no consigue encajar las piezas, 
ofrecer nuestra ayuda. O también dirigir la atención del niño hacia otra 
actividad, que sea menos frustrante y más atractiva. Por ejemplo, en el coche que 
describa todo lo que ve, los colores que conoce, los niños que vea... 
*Necesitan mucha atención positiva, reforzar, buscar y elogiar todas sus buenas 
conductas. Cada vez que sean capaces de controlarse, y/o estén tranquilos, darle 
muchos besos, abrazos, comentarios agradables, un pequeño premio... *Animarle, sobre todo cuando es más mayor, a encontrar una forma más 
adecuada de expresar sus deseos, y a conseguirlos mediante otras estrategias. 
DURANTE la rabieta:
*Dejar que el más pequeño se desahogue, que dé salida a sus frustraciones. Las 
demostraciones de rabia, como llantos, gritos pueden ser aceptados pero 
ignorados. A veces, dejar que acabe, observando pero ignorando, manteniendo la 
calma y sin prestar atención. Por ejemplo, en el salón de casa. 
*Si es más mayor y/o lo utiliza para conseguir algo, aíslale en la casa para que 
esté allí hasta que se relaje. No prestarle atención, mandar a su habitación y 
acudir cuando se calme. Hacerlo siempre así. 
*Si rompe cosas que no se puede hacer daño, no acudir. 
*Si golpea a padres u otros, arroja cosas o hay peligro, se le aparta de la 
situación, pero no se le deja solo. Abrazarlo hasta que se le pase sin decir nada o 
dejarlo solo hasta que se calme y recupere el control. 
*Los más pequeños necesitan oír: “tranquilos”, “trata de controlarte, no pasa 
nada”. Y ser abrazados. 
DESPUÉS de la rabieta:
*Esperar hasta que pare de llorar, y regresar con él para interesarse por otra 
actividad. La atención se la damos por el control, porque ya está calmado. 
Aprenderá que tiene nuestra atención cuando se porta bien. 
*Realizar cualquier otra actividad, sin dar mayor importancia al incidente. 
*Abrazar y/o hablar de lo sucedido. Si es más mayor explicar, razonar o 
expresar lo que habéis sentido. Nunca pedir que razone cuando el niño está en 
plena explosión. No decir que es malo, o está loco, hablar en términos de fuera 
de control. 
*No castigar la pataleta, porque le damos nuestra atención pero no conseguimos 
que aprenda la manera correcta de comportarse. 
*Tampoco dar premios por abandonar la pataleta porque se la refuerza. No ceder 
nunca ante lo que desencadenó la rabieta. 
*El mensaje debe ser de calma, de tranquilidad por parte nuestra. 
Debemos entender que esta etapa del desarrollo no es fácil, y que requiere 
comprensión y empatía por nuestra parte. Pensando así, se lo transmitiremos al niño

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